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“Clayface” es un thriller perturbador, visualmente contundente y sorprendentemente humano, lleno de giros de tuerca totalmente inesperados.

Con “Clayface”, el director James Watkins muestra que el universo cinematográfico de DC puede dejar atrás la grandilocuencia superheroica para explorar terrenos más inquietantes, como el terror…

Por Andrés Naime22 de octubre de 20264 min de lectura
“Clayface” es un thriller perturbador, visualmente contundente y sorprendentemente humano, lleno de giros de tuerca totalmente inesperados.

Con “Clayface”, el director James Watkins muestra que el universo cinematográfico de DC puede dejar atrás la grandilocuencia superheroica para explorar terrenos más inquietantes, como el terror psicológico y corporal. En esta ocasión vemos una historia sobre la identidad, la obsesión con la apariencia y el costo devastador de recuperar lo que la vida nos ha quitado. Así es “Clayface”: una película perturbadora, visualmente contundente y sorprendentemente humana, que narra el origen de uno de los enemigos más icónicos de Batman como una tragedia sobre la fragilidad del cuerpo y la corrupción del deseo, sin necesidad de mencionar al héroe murciélago. 

La trama sigue a Matt Hagen (Tom Rhys Harries), un talentoso y atractivo actor de Ciudad Gótica que se encuentra en la cima de la fama por su nominación al Óscar como mejor actor. Después de una súbita gira para promocionar su nominación, Matt y su mejor amigo Corey Bowery (Joshua James) deciden irse de fiesta al antro más lujoso de la ciudad. Ahí en medio del furor de la alegría, es seducido en la pista de baile por la hermosa y sensual Mia Torrez (Joana Ribeiro). 

Matt pasa la noche con ella solo para despertar rodeado de matones y del novio de Torrez, Markos Szabo (David Dencik). Szabo es un jefe de la mafia implacable, con conexiones que le otorgan una arrogancia cargada de poder e influencia, lo que le permite castigar a Hagen de forma cruel, desgarrando su rostro con brutalidad.

Horriblemente desfigurado y difamado por Szabo, Matt pierde su fama y todo el dinero que había ganado en su carrera. Hasta su abogado, Frank Fitzpatrick (Eddie Marsen), lo estafa robándole todo su dinero, obligándolo a regresar al barrio pobre en Ciudad Gótica donde nació. Su vida se vuelve un infierno, ya que todo el mundo lo ve como un monstruo y no hay forma de esconderse. Por casualidad, descubre un artículo de la Dra. Caitlyn Corr (Naomi Ackie  ), quien trabaja en una tecnología de reconstrucción de células nanotecnológicas que podría ayudar a reconstruir su rostro.

A regañadientes la Dra. acepta probar ilegalmente su tecnología en Hagen. Aunque en un principio el procedimiento parece haber salido bien, Matt comienza a experimentar efectos secundarios extraordinarios, aunque aterradoramente sangrientos. A medida que el cuerpo de Matt comienza a adaptarse y aclimatarse a las nanocélulas en su flujo sanguíneo, decide buscar venganza enfrentándose a todos los que lo perjudicaron después de su lesión. Lo que inicialmente representa una segunda oportunidad pronto se convierte en una experiencia aterradora que amenaza con borrar cualquier rastro de la persona que era. 

La visión de Watkins resulta acertada al entender que el horror de “Clayface*”* no surge solo de lo grotesco, sino de la angustia de identificar a un ser humano atrapado en un cuerpo que ya no le obedece. Su dirección maneja la violencia física con una sensibilidad que prefiere la vulnerabilidad al simple impacto, y descubre en las transformaciones del protagonista una metáfora especialmente incisiva sobre la industria del entretenimiento: un ámbito que puede elevar a alguien por su apariencia para luego descartarlo cuando deja de cumplir sus expectativas. El guion de Mike Flanagan y Hossein Amini articula esa reflexión con los mecanismos del thriller de venganza.

La actuación de Harries es impecable, logra sostener el arco del personaje para transitar de la fragilidad emocional a la monstruosidad física sin perder la conexión con lo trágico de la situación. Por su parte Ackie es vital para la credibilidad que Harries tiene que transmitir. El resto del ensamble confirmado por Max Minghella, John Borrelli y David Dencik, refuerzan la atmósfera de una Ciudad Gótica donde la corrupción y la violencia forman parte del paisaje cotidiano.

La dirección de fotografía de Rob Hardy y el diseño de producción de James Price ayudan a establecer una identidad visual sombría, urbana y deliberadamente opresiva. Todo el estilo de Watkins encuentra un equilibrio eficaz entre el thriller de venganza con las manifestaciones más repulsivas del body horror visualmente contundente, logrando mantener la tensión entre el drama psicológico y la violencia física.

En definitiva, “Clayface” deja de ser solo la historia de un hombre con poderes para volverse el retrato de alguien que, en su empeño por recuperar su rostro anterior, acaba perdiendo su sentido de sí mismo. Les aseguro que la cinta posee una personalidad propia, llena de giros de tuerca totalmente inesperados, que la distinguen en el cine contemporáneo de superhéroes del universo de DC. Watkins logra convertir un origen en una reflexión inquietante sobre la belleza, el rechazo y la imposibilidad de recuperar intacto lo perdido.

“Clayface” es un thriller perturbador, visualmente contundente y sorprendentemente humano, lleno de giros de tuerca totalmente inesperados.