“A cualquier precio” es una historia que entrelaza una investigación criminal, el drama histórico y una ruta de venganza. Elegance Bratton la dirige, transformando el entorno de la lucha por los derechos civiles en el motor de un thriller crudo y deliberadamente inquietante. Basada libremente en hechos reales, la película se apoya en la alianza improbable de dos hombres que encarnan extremos morales aparentemente incompatibles.
La cinta inicia con la leyenda de estar basada en hechos reales sobre una investigación del FBI sobre el asesinato en 1966 del líder de los derechos civiles de Misisipi, Vernon Dahmer, por parte del Ku Klux Klan. Ambientada en 1966, seguimos a Wayne Strider (Abdul-Mateen II), uno de los pocos agentes de color del FBI en esa época. Después de un buen trabajo en la oficina de Chicago, Wayne acepta con entusiasmo la oportunidad de unirse a la oficina de la agencia cerca de su ciudad natal, Hattiesburg, Misisipi.
Una vez allí, cree ingenuamente que su confianza idealista en el sistema y sus métodos estrictos le ayudarán a llevar al Klan ante la justicia. Pero se da cuenta que en realidad poco ha cambiado en la provincia racista. La realidad sobre cómo no se quiere que la gente tenga el poder de votar se vuelve evidente tras el asesinato de su amigo y mentor, Vernon Dahmer (Giancarlo Esposito). Hecho que llega a los titulares nacionales y el mismísimo presidente Lyndon B. Johnson quiere que se aclare el horrible asesinato. Con el Klan operando bajo la protección de poderosos políticos y la policía local, el FBI adoptó un enfoque fuera de los registros.
Como nadie en el condado confía en los agentes blancos del FBI, Wayne es asignado a ayudar en la investigación. No le asignan el caso, solo le piden ser el transporte de un extraño aliado al que su superior llama para ayudarlo. Ese individuo es Greg Scarpa (Mark Wahlberg), un ejecutor de la mafia de la familia criminal Colombo de Nueva York. El trabajo de Wayne es conducir a Scarpa a dondequiera que necesite ir y mantenerse fuera de su alcance mientras él realiza su especial estilo de investigación el cual es un estilo totalmente distinto a lo ideales de Wayne de que la investigación, la evidencia y la autoridad federal pueden imponerse a un entorno dominado por el racismo, la intimidación y la violencia.
Pero la perspectiva de Wayne cambia después de que su presencia lo pone a él y a su esposa apoyada Allison (Nicole Beharie) en la mira del Klan. La película establece así una pareja construida sobre la contradicción: Strider representa la ley y la posibilidad de una justicia institucional; Scarpa representa precisamente aquello que existe fuera de ella. Pero de alguna manera terminarán trabajando juntos para atrapar a los culpables del Klan.
La visión de Bratton resulta atractiva al mostrar el Mississippi de los años sesenta como un entorno donde el peligro puede emerger de cualquier sitio: una carretera, una oficina, una casa o una charla aparentemente común. Con la precisa dirección de fotografía de Ante Cheng, ambos construyen esa impresión mediante una estética contenida, seca y atmosférica, capaz de hacer que los espacios abiertos resulten tan opresivos como los interiores. La película basa gran parte de su identidad visual en ese contraste: la amplitud geográfica no implica libertad, sino exposición.
Abdul-Mateen II sostiene el núcleo emocional del filme con una actuación que evita convertir a Strider en un héroe convencional. Su personaje se aferra a la idea de que la ley puede resolver lo que parece insoluble y descubre poco a poco el costo de esa convicción. Wahlberg, por su parte, dota a Scarpa de una presencia impredecible, capaz de transitar de la amenaza al humor oscuro y de la cordialidad aparente a una violencia brutal en segundos. La química entre ambos es lo que permite que la cinta funcione como thriller: ninguno confía del todo en el otro, pero ambos comprenden que necesitan lo que el otro posee.
Otro acierto es la presencia de Allison Strider y de personajes ligados a las familias de las víctimas, lo que aporta una dimensión íntima que nos recuerda que la violencia política no concluye con una investigación o un enfrentamiento: persiste en quienes esperan, pierden, recuerdan y deben seguir viviendo. En este sentido, el Vernon Dahmer de Esposito se vuelve una figura clave para entender lo que está en juego. Su asesinato no es solo el detonante de una trama detectivesca; simboliza la destrucción de una vida dedicada a desafiar un sistema de exclusión.
En última instancia, el mérito de “A cualquier precio” de Bratton radica en transmitir su mensaje sin sacrificar la calidad del entretenimiento de lucha de género de esa época y de la actualidad. La cinta se mantiene lo bastante cerca de la historia real, y sus declaraciones al respecto son claras. Además, la cinta ofrece esa camaradería entre Strider y Scarpa mediante secuencias emocionantes llenas de acción que todos podemos aplaudir. Es un equilibrio difícil de alcanzar, pero Bratton lo logra.





