Cinema

El live action de “Moana” es una explosión de vibrantes colores y música acompañando la aventura de la querida princesa de Disney, manteniéndose como una celebración de la cultura polinesia y el crecimiento personal.

Aunque no se trata de una nueva versión, el live action de "Moana" es prácticamente idéntica a la versión de 2016. Es obvio que no pretende reemplazar a la entrañable película animada; se entiende…

Por Andrés Naime11 de julio de 20264 min de lectura
El live action de “Moana” es una explosión de vibrantes colores y música acompañando la aventura de la querida princesa de Disney, manteniéndose como una celebración de la cultura polinesia y el crecimiento personal.

Aunque no se trata de una nueva versión, el live action de “Moana” es prácticamente idéntica a la versión de 2016. Es obvio que no pretende reemplazar a la entrañable película animada; se entiende que su misión consiste en reinterpretarla desde la fisicidad del cine de acción real para cautivar con su brillo y color isleño. 

Bajo la dirección de Thomas Kail, conocido por su extraordinarias obras teatrales “In the Heights” y “Hamilton*”*, esta adaptación convierte el océano en un escenario tangible donde la aventura, la identidad cultural y el crecimiento personal de nuestra heroína adquieren una dimensión más íntima sin renunciar a la escala épica que caracteriza a las cintas de Disney.

La trama se mantiene muy fiel al guion de la versión animada, Moana (Catherine Lagaʻaia y en su doblaje al español la voz de Sara Paula Gómez) es una joven polinesia que emprende un rito de iniciación para ser la líder de su pueblo. Se siente inquieta por estar restringida solo a vivir en su isla de Motunui. Sus amigos fieles, el gallo Heihei y el cerdo Pua, le hacen la vida un poco más tolerable. Por supuesto, aventurarse más allá del arrecife está estrictamente prohibido por su padre, el jefe Tui (John Tui y en su doblaje al español la voz de Olin Garcés). Pero el océano y el mundo exterior la llaman. 

Alentada por su madre Sina (Frankie Adams y en su doblaje al español la voz de María Elisa Gallegos) y su abuela Tala (Rena Owen y en su doblaje al español la voz de Laura Torres), Moana, sabe que debe salir al mar y devolver una joya en forma de corazón que el semidiós Maui (Dwayne Johnson y en su doblaje al español la voz de Beto Castillo) robó a la diosa Te Fiti. 

El primer reto después de salir al mar abierto es encontrar a Maui y convencerlo de unirse a la misión de regresar la joya y prevenir la destrucción de todas las islas por la falta de la joya. En su aventura se enfrentará a Tamatoa (voz en inglés de Jemaine Clene y en español Dan Osorio), un cangrejo gigante y vanidoso, y Te Kā, una bestia gigantesca de lava y fuego, empeñados en impedir que Moana cumpla su objetivo. Pero su espíritu resiliente y valiente se nutre del amor familiar cuyos vínculos emocionales fortalecen su motivación y enriquecen la trama hablando de comunidad, tradición y legado. 

El mayor acierto del filme es Catherine Lagaʻaia, cuya interpretación de Moana evita caer en la mera imitación del personaje animado. La actriz dota a la joven navegante de una serenidad y una determinación que evolucionan con naturalidad a lo largo del relato. Su presencia frente a la cámara transmite la mezcla adecuada de vulnerabilidad y liderazgo, mientras que su capacidad vocal mantiene intacta la fuerza emocional de las canciones que hicieron de la versión original un fenómeno cultural. Se nota claramente que Lagaʻaia no busca competir con el recuerdo de Auliʻi Cravalho; ella construye una heroína propia, más terrenal y profundamente humana. 

Visualmente, la película representa uno de los esfuerzos más ambiciosos dentro del catálogo reciente de cinta de live action de Disney. Kail comprende que el atractivo del relato reside en la inmensidad del océano, y convierte el agua en un personaje vivo gracias a una integración convincente entre fotografía, efectos visuales y escenarios naturales. Las secuencias marítimas poseen una amplitud cinematográfica que aprovecha la pantalla grande con inteligencia, mientras que el diseño de producción de John Myhre recrea Motunui con un nivel de detalle que transmite autenticidad sin perder el carácter fantástico de la historia. El vestuario a cargo de Liz McGregor es particularmente cuidadoso en sus referencias culturales y artesanales, aporta riqueza visual a cada encuadre y refuerza la identidad polinesia que define la película.

En la parte  musical, Lin-Manuel Miranda, Opetaia Foaʻi y Mark Mancina, compusieron el nuevo tema, “Along the Way” (“En el camino”), complementando la evolución emocional de Moana y reforzando la idea de que el verdadero destino siempre está ligado al descubrimiento de uno mismo. Si bien la estructura narrativa permanece fiel a la película animada, la puesta en escena encuentra nuevas formas de enfatizar las emociones mediante actuaciones en carne y hueso y una dirección de fotografía por parte de Oscar Faura que privilegia los paisajes naturales sobre el artificio digital.

Este live action de “Moana” es, en última instancia, un espectáculo familiar de enorme belleza visual magistral y una emotiva y abundante carga de valores familiares. El poder protagónico de Lagaʻaia es impactante y solo por verla y escucharla cantar ya valió la pena el costo del boleto de entrada.