Cinema

"La Odisea" es la experiencia cinematográfica del verano. Monumental, absorbente y profundamente humana. Una obra maestra destinada a convertirse en leyenda; y si la ves en IMAX no solo estás viendo la película, sino que te sientes dentro de ella.

Aún con casi tres horas de duración, “La Odisea” de Christopher Nolan se pasa volando por lo fantástica que es. Hasta el momento es la única cinta filmada en IMAX de 70 milímetros, que es el formato…

Por Andrés Naime16 de julio de 20264 min de lectura
"La Odisea" es la experiencia cinematográfica del verano. Monumental, absorbente y profundamente humana. Una obra maestra destinada a convertirse en leyenda; y si la ves en IMAX no solo estás viendo la película, sino que te sientes dentro de ella.

Aún con casi tres horas de duración, “La Odisea” de Christopher Nolan se pasa volando por lo fantástica que es. Hasta el momento es la única cinta filmada en IMAX de 70 milímetros, que es el formato de pantalla más grande posible, y además cuenta con un reparto internacional estelar interpretando desde soldados y monstruos hasta ninfas y dioses. 

Con un guion del mismo Nolan, nos vemos frente de una narrativa compleja, que abarca un vasto periodo histórico y geográfico, con secuencias de acción ambiciosas e impresionantes. La producción de esta película puede ser monumental pero no deja de ser una historia humana muy cercana a nuestra actualidad sobre un hombre que intenta regresar a casa tras una guerra larga y ardua.

La cinta comienza al ritmo del bardo ciego Demódoco (el rapero Travis Scott) golpeando su bastón invocando a las Musas para que le ayuden a contar la historia de Odiseo (Matt Damon), cuya astuta estrategia ayudó a los griegos a derrotar a los troyanos hace ya 7 años atrás. 

A partir de ese momento, la trama se entrelaza con flashbacks que narran la victoria sobre Troya, el largo y arduo viaje de Odiseo y su leal tripulación de regreso a Ítaca, su reino. Simultáneamente, la historia se centra en los acontecimientos que se desarrollan en Ítaca, donde la esposa de Odiseo, Penélope (Anne Hathaway), y su hijo Telémaco (Tom Holland), a quien dejó siendo un bebé, luchan por mantener el control. Mientras tanto, cien pretendientes ambiciosos, liderados por Antínoo (interpretado por Robert Pattinson), asumen que el rey ha muerto y compiten por la mano de Penélope.

Siguiendo la tradición oral de la que se originó este relato, la narración de la película se transmite de una personaje a otro. Inicialmente, el fiel sirviente de Odiseo, el ciego Eumeo (interpretado por John Leguizamo), quien cuida del leal perro del rey, Argos (que no morirá hasta que vea a su amo), proporciona información crucial.

Telémaco, enterado de que los pretendientes de su madre lo quieren muerto por ser el heredero de su padre, emprende un viaje secreto fuera de Ítaca en busca de noticias sobre él. Llega a la mesa del amigo de su padre, Menelao (Jon Bernthal), esposo de Helena (Lupita Nyong’o), cuyo rapto por Paris desató la guerra de Troya. Menelao relata las hazañas de Odiseo en Troya e insinúa el destino de su hermano Agamenón (Benny Safdie), podría ser el mismo que el suyo y el de su padre, si es que regresa. 

La mayor parte de la narración proviene del propio Odiseo, quien se encuentra varado en la isla de Ogigia. Su barba gris y crecida evidencia el tiempo que lleva consumiendo hojas de loto, que le provocan amnesia. En compañía de la ninfa Calipso (Charlize Theron), relata gradualmente el arduo viaje que él y su tripulación emprendieron tras abandonar Troya. Entre sus recuerdos están los encuentros con el cíclope tuerto Polifemo (Bill Irwin), la enigmática hechicera Circe (Samantha Morton) y varias escenas verdaderamente inquietantes con fantasmas, gigantes y enigmáticas sirenas. Es aquí donde vemos la brutal destrucción de Troya y los diversos recibimientos que reciben a los vencedores. Eso sí, siempre presente con él se encuentra Atenea (Zendaya) como principal mentora y protectora divina de Odiseo.

Por quinta vez, Nolan colabora con el director de fotografía Hoyte Van Hoytema resultando en cinematografía sencillamente asombrosa, al igual que el diseño de producción Ruth DeJong. Filmada en seis países (Marruecos, Grecia, Italia, Islandia, Escocia y Estados Unidos) durante 91 días, Nolan, junto con su reparto y equipo, soportó condiciones climáticas extremadamente adversas y terrenos traicioneros.

La banda sonora del tres veces ganador del Oscar, Ludwig Göransson, se convierte en el corazón palpitante y trascendente de la película. Ritmos de innumerables timbres, ruidos ambientales percusivos y melodías corales grandiosas recorren la obra sin descanso.  Los créditos también destacan a los solistas que tocan tres instrumentos antiguos: el aulos, el fyell y la lira. El compositor sueco evoca una banda sonora que parece emanar de las entrañas de la Tierra misma, aullando, corriendo, buscando y luchando junto a Odiseo y sus hombres.

Es innegable la resonancia política que el poema de “La Odisea” tiene en nuestros tiempos. Los personajes habitan un mundo donde la inmigración se ha vuelto un tema crucial al igual que actualmente vivimos. Gran parte del texto original explora cómo recibían al forastero y garantizaban su seguridad durante el viaje. Si bien Nolan no presenta una posición política directa sobre esta situación, sugiere que en un mundo donde nadie es bienvenido, todo está perdido. Y es aquí donde debemos aprender de la historia para no repetirla. 

Con “La Odisea”, Nolan nos regala una obra maestra épica que rinde homenaje al clásico literario de Homero. La película presume un ritmo perfecto, una fotografía espectacular y actuaciones memorables que te atrapan desde el principio. Es una experiencia que se disfruta mejor en una pantalla IMAX, donde no solo estás viendo la película, sino que te sientes dentro de ella.