“Street Fighter”, la nueva adaptación cinematográfica dirigida por Kitao Sakurai, se encuentra ambientada en el universo de la célebre franquicia de los videojuegos de Capcom. La cinta convierte el enfrentamiento entre guerreros de distintas procedencias en un espectáculo de acción deliberadamente exagerado, humor irreverente y nostalgia noventera. Prepárense a ver a sus peleadores favoritos mostrando sus movimientos, rivalidades y personalidades en un auténtico entretenimiento cinematográfico.

La cinta arranca comienza en 1987, en un prologa animado, donde el joven Ryu (Andrew Koji) se impone a Sagat durante el primer torneo World Warrior, un acontecimiento que desencadena una tragedia relacionada con Akuma (Joe Anoa’i, conocido como Roman Reigns) y termina alterando profundamente su relación con Ken Masters (Noah Centineo), su hermano adoptivo y antiguo compañero de entrenamiento.

Seis años después, en 1993, ambos siguen caminos separados. Ryu continúa buscando el dominio de sus habilidades y una respuesta a los conflictos que lo persiguen, mientras Ken, apartado de su antigua vida como luchador, se encuentra lejos de la disciplina que alguna vez compartió con él. La aparición de la enigmática Chun-Li (Callina Liang) cambia el rumbo de sus vidas cuando los recluta para participar en una nueva edición del torneo mundial. Lo que inicialmente parece una oportunidad para demostrar quién es el guerrero más poderoso pronto revela una dimensión mucho más peligrosa: detrás de la competición se encuentra M. Bison (David Dastmalchian), el implacable dirigente de Shadaloo, cuya ambición convierte el torneo en una operación cuidadosamente diseñada para enfrentar a sus adversarios y explotar sus debilidades.
A medida que la competición avanza, los protagonistas deben enfrentarse tanto a sus rivales como a las heridas que han definido sus respectivas trayectorias. Ken y Ryu se ven atrapados en una confrontación que pone a prueba su amistad, mientras la influencia de Akuma amenaza con conducir a Ryu hacia una versión oscura y descontrolada de sí mismo. Chun-Li emerge como una figura decisiva en la lucha contra los planes de Bison, acompañada por el irreverente Dan Hibiki (Andrew Schulz), cuyo carácter cómico contrasta con la gravedad de los acontecimientos.
El conflicto incorpora, además, a Guile (Cody Rhodes), el disciplinado combatiente estadounidense; Dhalsim (Vidyut Jammwal), maestro de técnicas extraordinarias; Blanka (Jason Momoa), cuya apariencia y fuerza lo convierten en uno de los elementos más singulares del conjunto, y Balrog (Curtis «50 Cent» Jackson), uno de los aliados más intimidantes del antagonista. Cammy (Mel Jarnson), Vega (Orville Peck) y otros luchadores amplían el enfrentamiento hasta convertirlo en una batalla donde las lealtades cambian y el poder tiene consecuencias imprevisibles. El desenlace lleva la rivalidad entre Ken y Ryu a un punto decisivo, al tiempo que deja abierta la posibilidad de nuevos enfrentamientos en el universo de Shadaloo.
Acertadamente Sakurai apostó por una identidad tonal que no pretende disimular el carácter extravagante del material original. La película combina combates físicos, situaciones absurdas y referencias a la cultura popular de los años noventa sin someterlo todo a una solemnidad innecesaria. Esa decisión encuentra su mejor expresión en Andrew Koji, quien aporta a Ryu una presencia contenida y una dimensión introspectiva que sirven de contrapeso a la energía del conjunto. Noah Centineo, por su parte, imprime a Ken una personalidad más desenfadada, aprovechando su capacidad para alternar el humor con la vulnerabilidad de un personaje obligado a reconciliarse con su pasado. La química entre ambos constituye uno de los motores dramáticos de la película: bajo la espectacularidad de sus enfrentamientos permanece la historia de dos hombres cuya conexión resulta tan importante como sus diferencias.





