Dirigida y coescrita por Anthony Maras, “El Día D: Bajo presión”, basada en la obra teatral de David Haig, es una trama que nos invita a apreciar esos momentos aparentemente insignificantes que, sin que nos diéramos cuenta, alteraron el curso de la historia que nos define. En este caso, el periodo crítico de 72 horas previo al histórico asalto aliado del Día D, un punto de inflexión que terminó por decidir el destino del mundo durante la Segunda Guerra Mundial.
En el contexto de la película, el título “Bajo presión” no solo alude a la enorme carga que recae sobre los hombros del Comandante Supremo de los Aliados y futuro presidente de los EE. UU., Dwight D. Eisenhower (Brendan Fraser), sino que también conlleva un significado literal relacionado con la impredecible meteorología del norte de Europa. Esta responsabilidad recae sobre el capitán de grupo del clima James Stagg (Andrew Scott), un meteorólogo escocés reclutado de último minuto por recomendación de W. Churchill para integrarse en el equipo de Eisenhower y determinar, para el gabinete de líderes, la mejor ventana temporal para la invasión.
Sin embargo, la película no trata realmente sobre la guerra en sí, lo cual es un giro de tuerca fresco. El tema central es tener certeza de las recomendaciones en tiempos bajo presión, o mejor dicho, los hechos frente a las emociones o especulaciones. Los mandos militares quieren fijar el 5 de junio de 1944 como fecha de la invasión; Eisenhower, en cambio, busca la certeza.
Esa es la palabra clave que exige en las convicciones de su equipo y el adjetivo que busca en los modelos de predicción meteorológica. Esta necesidad nace por lo que vimos en el prologo de la cinta: un fallido simulacro de entrenamiento conocido como Operación Tigre, que se saldó con más de 700 soldados muertos, lo que hace que Eisenhower se muestre reticente a dejar el destino en manos del azar una vez más. Quiere ganar, necesita ganar y busca certeza.
Stagg no puede ofrecer certeza; lo único que puede hacer es descartar ventanas temporales inviables basándose en datos geográficos en tiempo real. Stagg se enfrenta constantemente a su predecesor, el coronel Krick (Chris Messina), cuya suerte prediciendo climas tropicales se agota ante la errática meteorología inglesa, y a Bernard Montgomery (Damian Lewis), un comandante inglés astuto y excesivamente impaciente.
Tanto Stagg como Eisenhower reciben soporte emocional, sabiduría y consejo de la subestimada teniente Summersby (Kerry Condon) mientras cada uno afronta sus propios desafíos a medida que el tiempo se agota. Sin duda, la meteorología es uno de los aspectos más importantes de la obtención de inteligencia para operaciones militares. Pero también lo es saber distinguir entre cómo se quiere atacar y cuándo se debe atacar. La postura firme de Stagg convenció a Eisenhower de trasladar el asalto del Día D a la ya famosa fecha del 6 de junio, aprovechando una ventana temporal crucial que favorecía las posibilidades de los Aliados.
Fraser interpreta a un Eisenhower que impone su autoridad cuando es necesario con el aplomo de quien sabe que ostenta el mayor poder, pero que también reconoce no ser nunca la persona más inteligente de la sala; así, como hacen los buenos líderes, confía en los expertos, aunque a veces lo haga con ciertas dudas. Scott es incapaz de ofrecer una mala actuación aunque lo intentara, interpreta a la perfección ese papel que fácilmente le podría llevar a una nominación a los premios de la Academia.
Anthony Maras confirma nuevamente su extraordinaria habilidad para construir tensión a partir de hechos históricos conocidos. Tal como hizo en “Hotel Mumbai”, el director privilegia el factor humano sobre el espectáculo y encuentra en los dilemas morales la verdadera dimensión del conflicto. La adaptación del texto de David Haig conserva la intensidad dramática de la obra teatral homónima, pero la expande mediante una puesta en escena elegante y un ritmo cinematográfico que nunca pierde impulso. Y además se enriquece por el uso de decenas de horas de material de archivo original filmado durante esa guerra por camarógrafos británicos y estadounidenses que acompañaron a las tropas en el frente, que al restaurarse sirvió de inspiración para el trabajo del fotógrafo Jamie Ramsay.
La dirección de fotografía de Ramsay es sobria y elegante, dominada por tonos fríos que refuerzan la sensación de incertidumbre constante. El diseño de producción de Daniel Taylor recrea con notable precisión los centros de mando aliados, mientras que el diseño de vestuario de Liza Bracey contribuye a una reconstrucción histórica de gran autenticidad. La partitura de Volker Bertelmann es contundente y logra hacer lucir la turbulenta narrativa meteorológica que cambió la historia moderna determinadamente.
En definitiva, con “El Día D: Bajo presión”, Maras evita convertir el desembarco de Normandía en un espectáculo militar y, en cambio, entrega un thriller histórico de extraordinaria tensión, inteligente y absorbente. La anécdota resulta fascinante, humana, cautivadora y profundamente conmovedora. Las conversaciones, mapas atmosféricos y silencios son aquí un espectáculo cinematográfico sorprendentemente cautivador.





