“La Noche del Demonio: Están entre nosotros”, es la sexta entrega de la franquicia, y logra lo impensable: presenta una nueva familia a la que los demonios persigan, una nueva protagonista y, lo más importante, una forma innovadora de convertir el Más Allá en una amenaza palpable. Es
La historia arranca con un prólogo en 1999, donde la niña Gemma Hall (Charli Pentom) está muerta de miedo mientras presencia el deterioro mental de su madre Ingrid (Laura Gordon) dentro de su espeluznante casa en Pittsburg. Aún no sabemos qué está causando este deterioro. En esa misma casa, Gemma es testigo de la muerte de su madre, un evento traumático que guardará en secreto durante años.
Veinte años después de la tragedia, Gemma (Amelia Eve), ahora adulta, es una joven madre que vive con su hija Maya (Island Austin) en la misma casa donde creció. Como profesional especializada en limpieza dental, Gemma está decidida a darle a Maya una infancia normal, completamente diferente a la suya. Sin embargo, todo se complica cuando Gemma comienza a experimentar fenómenos inexplicables, y sus pesadillas se vuelven cada vez más vívidas.
La aparición de entidades misteriosas, objetos perdidos hace años y presencias que la observan desde rincones imposibles la llevan a descubrir una capacidad extraordinaria: puede entrar al Más Allá, una dimensión purgatorial habitada por almas perdidas que es el corazón de la mitología de *“*La Noche del Demonio”. Y lo realmente especial es que también puede traer de vuelta al mundo físico lo que encuentre allá. Esa habilidad convierte a Gemma en algo mucho más peligroso que una víctima.
Una entidad siniestra, Cyrus (Sam Spruell), la persigue por alguna razón secreta. Mientras tanto, Gemma debe proteger a Maya de repetir lo que ella vivió de niña especialmente que ahora sus sueños tomaron un giro sobrenatural. Para lograrlo, cuenta con la ayuda de Nick (Brandon Perea), su novio policía, y de Clare (Maisie Richardson-Sellers), una tatuadora con un vínculo espiritual con Elise Rainier (Lin Shaye), la médium que vuelve a ser el nexo crucial entre esta nueva historia y el universo original.
La dirección de Chase nos regala varias imágenes memorables que transforman escenarios familiares en trampas psicológicas. Un fuerte hecho de cojines se convierte en un interminable corredor de pesadilla con vibra de Backrooms, mientras que las habitaciones parecen perder sus dimensiones. Los encuentros con los espíritus asustan tanto por acechar en las sombras como por lo que finalmente se revela en la luz.
El regreso de Elise es particularmente efectivo, ya que Shaye entiende que el personaje ya no necesita dominar la narración para imponer su presencia. Cada aparición de Elise se siente como una extensión natural de la memoria emocional de la saga. En entrevistas, Chase ha mencionado que quiso recuperar deliberadamente la sensación de las primeras películas, incluso imponiendo una estética donde los personajes necesitan linternas para navegar por la oscuridad.
Amelia Eve es una adición fantástica a la saga, ya que lleva la película entera con una actuación que evita convertir a Gemma en la típica protagonista del horror moderno. En cambio, transforma el miedo en determinación. Sam Spruell construye un antagonista poderoso cuya presencia tiene un toque de villano gótico clásico. Sin embargo, es Lin Shaye quien ofrece la conexión emocional más profunda. Su personaje, Elise, sigue siendo el alma de la franquicia, incluso cuando permanece literalmente en el Más Allá.
La dirección de fotografía de Dave Garbett y el diseño de producción de Nick Bassett convierten a esta nueva entrega en un terreno fértil para historias cada vez más abstractas y amenazantes, aprovechando la oscuridad como un elemento dramático. La película incluso recupera ecos reconocibles del horror clásico, como “Poltergeist*”,* y de la lógica onírica de*“Pesadilla en la Calle del Infierno”,* integrándolos a la mitología de la franquicia para ofrecer nuevas posibilidades narrativas.
A fin de cuentas, “La Noche del Demonio: Están entre nosotros” es un capítulo sólido, atmosférico y genuinamente entretenido, demostrando que la saga todavía puede producir imágenes inquietantes sin depender exclusivamente del sobresalto. En este nuevo inicio, se ha abierto una nueva puerta roja, repleta de demonios en busca de entrar en nuestro mundo y en nuestra mente para torturarnos.





